MARATÓN... Algo más que 42 kilómetros y 195 metros por Pedro Esteso

Fecha: 16/04/2019 16:02:48
Categorías: Carreras Populares

Nuestro entrenador y atleta Pedro Esteso nos cuenta su experiencia desde su perspectiva más personal sobre el Maratón de Valencia.

El Maratón me ha cambiado la forma de ver la vida… Mi crónica del Maratón de Valencia.

Antes de empezar a hablar de sentimientos y dejar llevar mi corazón para realizar e intentar transmitir mi última experiencia deportiva, quiero explicar las razones y argumentos por las que decidí casi a última hora cambiar de planes y dar el salto para convertirme en uno más como todos mis compañeros Urban Runners y poder gritar

¡SOY MARATONIANO!

Los que me conocen siempre han sabido que cuando alguien me preguntaba por qué no me aminaba a correr maratón, les decía que era porque no había sentido la llamada, pero 15 días antes del Maratón de Valencia, un domingo por la tarde salí a rodar y a quemar los excesos de una noche de sábado muy marchosa.

Me fui al río junto a mi soledad, quería realizar un rodaje mediolargo, quería probar mis piernas a un ritmo alto y ver cómo se podía comportar mi mente haciendo “sufrir” mi cuerpo, era de esas tardes que me hizo recordar nuestros entrenamientos en el parque, de los días de ir fluido y saber que iba a salir bien, fueron 24 kilómetros en total a un ritmo fuerte para mí.

Cuando ya estaba tranquilo en casa y analizando los datos de frecuencia cardiaca, ritmos y parciales conseguidos, no sé de qué manera vi el reloj y observé el número total de kilómetros conseguidos al revés, visualicé un 42, respiré profundo, saqué cuentas, valoré las horas de trabajo acumulado y me pregunté a mí mismo ¿Pedro y por qué no?

Con el paso de los días, mis ojos se fueron abriendo, llegó la confirmación de mi inscripción al correo electrónico y me contagié más aún si cabe de toda la fiebre maratoniana de mi grupo de entrenamientos.

A ellos les brillaban los ojos ahora y antes también, les veo con ilusión compartiendo ánimos e intento transmitirles tranquilidad y en cierto modo también les empiezo a envidia. Tenía la necesidad de que quería sentirme un debutante más, pero también aseguro que seguía rondándome algo de miedo, ese miedo a lo desconocido que podría surgirme a partir del kilómetro 30, ya que mi preparación no había sido la más idónea, pero bien es verdad que llevaba muchas horas de carga de trabajo tanto en el gimnasio como sobre la bicicleta, la preparación del duatlón y una experiencia como atleta de más de 20 años además de 9 meses de entrenamiento ininterrumpido.

Por todo ello, me puse la barrera para no crearme más presión y valorar que llegaría seguro hasta el kilómetro 30 y luego que fuese lo que tuviese que ser, me acojonaba la sensación de tener algún percance muscular o sobrecarga, porque por lo demás tenía tanta ilusión y ganas que me llenaba plenamente saber que iba a compartir la salida con un gran amigo y que iba a ser un cierto homenaje a mi alma gemela por su ausencia en la prueba.

Una semana antes voy a Villa Plumi, nos reunimos e intercambiamos nuestros pareceres sobre la deseada prueba, Cristina algo nerviosa pero refleja una sonrisa que me encanta, le miro a los ojos a Dani y le digo que estoy valorando salir con él y llegar juntos el mayor número de kilómetros posible.

Por un lado me fastidiaba el no poder hacer el seguimiento y acompañamiento de años anteriores desde dentro de la carrera durante la prueba y ser un punto de apoyo extra para mis Urban Runners, pero notaba que el maratón me estaba llamando. Al día siguiente recibo un mensaje de whatsapp de Dani.

No era sólo un emoticono con una frase, era el momento de hacerlo y ya me terminé de venir arriba, pactamos nuestro trato y empezaba a imaginarme por las calles de Valencia yendo a por la alfombra azul. Quise mantenerlo en secreto durante los días previos, dejaba caer a mis cercanos que iba a salir hasta casi el final, a su vez quería restarle importancia y tenía claro que no quería darle muchas más vueltas al tema, además de estar centrado en mi parte laboral y de responsabilidades con todos los integrantes del club así como la organización del viaje, por ello me decía a mí mismo y a la gente que me preguntaba si estaba nervioso, yo contestaba “no tengo tiempo ni para pensar en que voy a correr, así que mejor para no preocuparme por algo más”.

Llega la charla del jueves con el grupo y valoro que era el momento de ellos y de ayudarles a tope en esa semana previa, me moría de ganas de decirles…”voy a ser y quiero ser como vosotros”, pero decidí seguir guardándomelo para no mezclar y que cada tema se tratase en su momento.

Nos vamos para Valencia el viernes a por los dorsales, volvimos sin ser remolcados, recargados de energía y el sábado pedazo de viaje inolvidable con un sinfín de experiencias, anécdotas y risas que como definiría el gran Josevi, 30 horas de ensueño.

Te agradezco infinito ser como eres y lo que has hecho por mí y para tus compañeros. Me guardo para mí los momentos del sábado por la noche y sin palabras vuestro gesto-regalo chic@s en ese hotel en el que fuimos internacionales con la Selección Española por primera vez en el Campeonato de Europa de pista cubierta en 1998.

Parece que fue ayer, es más incluso esa noche me venían tantos y tantos recuerdos de esa preciosa vida de atleta profesional que reconozco que en algún momento se me saltaron las lágrimas en el baño, me miraba al espejo y decía “Pedro la de vueltas que da la vida, hace casi 20 años este hotel estaba lleno de 100 personas con camisetas rojas con una ilusión tremenda por salir a correr y ahora hay algo parecido ahí abajo con ese sentimiento de unión, de equipo, de querer que llegue la salida, de sacar todo el trabajo acumulado y tú formas parte de ello… sonríe, vívelo y siéntete satisfecho que esto vale mucho, que ahora hay otros 100 corredores que merecen el mejor de tus esfuerzos para juntos luchar por un sueño”.

Y ahora sí que sí, llega el día D, suena el despertador a las 6:00…junto a mi compañero debutante y ahora ya amigo tras el maratón y nuestras charlas del sábado que terminaron de unirnos, Alfonso Valero, nos empezamos a dar cuenta de lo que se nos avecina. Directos al desayuno, yo ya me noto con el semblante algo más serio, ya se me había ido todo el stress del viaje para que todo saliese lo mejor posible, tocaba empezar a darse cuenta de la realidad, de lo que quería y de averiguar qué le pasaría a mi cuerpo al pasar el kilómetro 30.

Busco a mi gente para unos abrazos matinales. Un chequeo rápido de que todo ya empezaba a estar preparado, desayuno potente y para la habitación para preparar la mochila con mi eterno ritual de prepararlo todo a ultimísima hora, debe ser que me gusta ir al límite.

Ropa de competir puesta, ambiente premaratoniano en el hall, compañerismo en estado puro y hacia el autobús para que nos lleve hacia la salida, viaje entretenido con risas y buen rollo con las Urban Womans, gracias por vuestra animación y gritos en meta, no olvidaré vuestro saltos y gritos de alegría chicas. Bajamos del autobús, sé que JC finalmente ha venido a apoyarnos con su presencia y ánimo, nos abrazamos, me da sus consejos y me dice su “tú tranquilo, sé que todo va a salir bien, corre con apoyos seguros, zancada corta y que pasen los kilómetros”.

La piña se hace más grande conforme nos vamos acercando a las escaleras del punto de encuentro grupal, momentos de cánticos y unificación, consejos y buenos deseos finales entre todos y cada mochuelo a su cajón de salida. El grupo de los “gorrapatrás”; Miguel, Dani y yo intentamos no separarnos y estar siempre pendientes para permanecer juntos en los momentos previos.

Silencio sepulcral en el minuto de homenaje a las víctimas por el atentado en París, la chica de mi lado rompe a llorar, le miro el dorsal y su nombre en francés Nicole y bandera francesa pintada en el hombro me sobrecoge. Pasan los minutos rápidamente mientras empezamos a andar hacia la salida hasta que arrancamos antes de cruzar la salida, nos damos la mano con el primer apretujón y a pillar ritmo.

Empieza el maratón, mi recorrido de pruebas personales, el método de las 4Cs (Calma, Cabeza, Corazón y Cojones) iba a ser puesto a prueba en mis propias carnes y si algo tenía claro es que yo iba a crear mis propias sensaciones, fueran buenas, malas o regulares iban a ser las mías, me marqué a fuego los consejos de Martín Fiz el día previo, que hasta el 30 no pensase y que lo viviese a mi manera, que la primera nunca se olvida y que nunca dejase vivir esta gran fiesta con mis compañeros.

Los primeros kilómetros son un poco caóticos para coger el ritmo elegido, no encontramos el hueco idóneo con tropiezos y constantes adelantamientos y parones, mi par de escuderos no se inmutan y seguimos esquivando personas hasta el kilómetro 5 que ya pillamos nuestra zona donde poder correr con más espacio y los tres en paralelo.

El reloj sigue yendo en los parciales establecidos, la idea principal era ir a 4´30” y acercarnos a las 3h10’. Estos primeros compases de prueba son donde las piernas se van con mucha facilidad, hay mucho control y Dani en cuanto veía que me aceleraba, sacaba su brazo abriendo la mano y haciendo el gesto de que tocaba aminorar un poco y CALMA.

Miguel va muy entero, nos avituallamos en cada punto, pasan los kilómetros y nos íbamos preguntado cada cierto tiempo cómo íbamos, siempre con respuestas positivas y gestos de seguridad. Kilómetro 10, primer cuarto de prueba y todo marcha según lo preestablecido, primeros geles y a seguir la marcheta, zonas de muchísimo público y seguimos a lo nuestro. Pasa la hora de carrera y todo en su sitio, ni un dolor ni sobrecarga muscular, los gemelos, que era lo que más preocupaba, no se quejan.

Sigo con la sonrisa puesta y con esa seguridad de que todo iba según lo previsto, el público y los grupos de animación entregados y haciéndome sacar mucho disfrute, me encuentro a mi prima por sorpresa que estaba animando, me paro a darle un beso y sentí como si era que le estaba expresando: “dile a toda la familia que todo va muy bien y que voy a ser maratoniano”. Pasamos el kilómetro 15, suena una de nuestras canciones del viaje a Ibiza, nos miramos y nos sonreímos, buena señal.

Por el kilómetro 17 aparece JC, se coloca a nuestro lado corriendo, nos transmite su fuerza y buenos deseos, consigo decirle “todo va muy bien, ni un dolor y vamos perfectos los 3”, hemos de seguir con CABEZA, subidón de energía y seguimos hasta la media maratón pasando en 1h35’ justos. Nos encontramos con Fran, el legionario, intercambiamos sensaciones y se le ve muy entero, como siempre en su sitio y con todo muy claro, siempre da alegría encontrarte con compañeros.

El par de dos paran a mear y Dani se rezaga algo más, Miguel se nos empieza a ir un poco, le veo con gran fluidez y soltura con esa zancada económica, carrerón que se marca destrozando el crono. Llegamos a la zona de la rotonda del kilómetro 25 y tras enfilar la avenida abarrotada de público, miro el reloj, hago cálculos pasadas las dos horas de esfuerzo y Dani exclama al pasar el ayuntamiento: “¡una hora nos queda, esto está hecho, vamos!”

Es el momento de darnos de nuevo la mano antes de adentrarnos en la carrera de verdad empezando a ver el 3 como primer dígito kilométrico. Hasta ese momento todo rodado, charlamos un poco y es Dani quien se preocupa por mí y por mis dolores, él sabe que a partir de ese momento yo iba a ser una incógnita y le digo “voy de puta madre, cero dolores, gemelos perfectos y disfrutando, esto es una pasada”.

Cruzamos el 30, me toco el CORAZÓN y avituallamiento para dentro, veo en la lejanía a Tomás Aniorte y se lo digo al Plumi, le pillamos y se nos une, nos cuenta que Miguelín va enflechado y con fuerza, me alegro. Justo en el mismo lugar donde me lo había encontrado en la edición anterior, pero de una manera algo diferente, ya que en esta ocasión venía de haber salido a reventar Valencia como a él le gusta y hace cuando tiene sus momentos en el asfalto y el año pasado fue ahí cuando desató la furia interior para salir escopetado y triturar esos últimos 10 kilómetros.

Nos hacemos un trío, comentamos nuestros estados y Tomy grita: “un placer chicos, auténtico placer con estos caballeros y señores, lujazo de kilómetros”. Enfilamos algunos kilómetros de bajada, relajamos los brazos y dejamos llevar las piernas, empiezo a gritar “¡ritmo, ritmo, ritmo!”. Ahora sí que empezaba la carrera de verdad, mi cuerpo iba a empezar a experimentar estando más de 2horas corriendo sin parar, me hablo para mis adentros, sigo con mi sonrisa y mi puño cerrado mirándome mi tatuaje de “LUCHA”, la piel se me eriza en algunas ocasiones, empiezo a ir FLOW, levanto las rodillas en plan skipping y noto que no hay molestias, cojo una botella de agua y la tiro entera por mi cabeza, quiero renovarme y sentirme hidratado por dentro y fuera, voy fresco, me adelanto un poco para que el ritmo no pare y empieza a no gustarme del todo el gesto de Dani, su cara se queja y su postura corriendo expresa algo de dolor.

Tomy es el que empieza a tirar del carro y como dice era el momento de “sacar el oficio”. Ni se me pasa por ningún momento la palabra muro, pero intuyo que al Plumi le empieza a costar mantener el ritmo, aun así seguimos en tiempo pasando el 35 y directos a coger la siguiente avenida interminable. Dani empieza a ceder algunos metros, le muestro con mi mano a Tomy que siga, él grita un “ahora me pilláis” en el momento que Dani se tiene que parar a vomitar, se me cae el alma al suelo, son unos segundos donde me siento impotente, no puedo ayudarle a que esas molestias remitan, siento rabia porque todo iba perfectísimo, me paro y permanezco a su lado.

Reanudamos la marcha y tras menos de 100 metros, otra parada para echar el resto, nunca mejor dicho. Pero no sé de dónde COJONES saca la fuerza (la cuarta C, supongo), le veo la misma cara que la del lunes cuando le dije que compartiríamos maratón y me suelta “¡tira y dale fuerte que ahora ya voy bien!”. Y tanto que empieza a ir bien, cambia el gesto de su cara, nos volvemos a dar la mano y le digo que vamos a ir sin freno hasta donde lleguemos porque ya estaba todo hecho, últimos veinte minutos.

Nos unimos a Tomás de nuevo, nos alegramos y alineamos, él danza junto a las batukadas y nos sentimos que estamos de nuevo en la fiesta, ahora mi estrategia es ir delante de Dani algunos metros, para sin sacarle de punto que tampoco se relajase, no paramos de adelantar corredores y en la curva del kilómetro 38 Tomás se descuelga, le miro y pienso este tío es pura entrega, va roto y sigue sonriendo, nos grita fuerte “tirad hacia adelante” y así hacemos.

Me siento como haciendo una de las series en pista, yo tirando y Dani pegado obligándome a que no desista, nos acercamos a la zona del 40, ya sabíamos que estaba todo hecho, yo sigo calculando los parciales de tiempo, por última vez me prometo no volver a mirar el reloj para ya no hacer más cuentas de tiempo, tocaba liberarse y mimetizarse con esos núcleos de personas que no cesaban en sus ánimos y dan esa fuerza especial que se necesita para los últimos dos kilómetros.

¡QUÉ SENSACIÓN MÁS BONITA!

Uno se siente único, hipermotivado, ya sabedor de que está todo realizado, miro a Dani y me siento orgulloso de él, empiezo a imaginarme que por ahí también pasarán todos mis compañeros con ese sentimiento de que todo ya está punto de llegar. Último kilómetro, ya vamos en paralelo, en cuanto termino esa última bajada para adentrarnos en el pasillo hacia la alfombra es cuando rompo a llorar, es como si algo desde los tobillos subiendo hasta mi cara me recorre en unos segundos.

Me saltan algunas lágrimas antes de los últimos 500 metros, corro con los brazos abiertos, me libero, me siento tranquilo, noto que toco el suelo con mis pies y es como si nada me pesase, un orgasmo tras mucho tiempo de pasión y entrega. Alfombra azul y a empaparme de todo lo que siempre había oído que iba a suceder cuando enfilásemos la recta final, llegaba donde había deseado y por un lado quería que se detuviese el tiempo.

Me sentía invencible, satisfecho, en mi mundo incluso con tanto griterío saqué mi momento de silencio, nos dimos la mano y levantando el brazo que nos quedaba libre cruzamos la meta maratoniana en 3 horas 14’ de auténtico placer. Pedazo de abrazo en meta y a celebrar nuestra victoria más personal.

Ese momento en que no sólo paro el cronómetro, sino que detengo mi tiempo, freno mi cuerpo, respiro más pausado, miro alrededor, pasan por mi cabeza miles de flashes sobre mi carrera deportiva, siento que las personas más importantes de mi vida han corrido a mi lado y a todos ellos es a los que va dedicado este esfuerzo, que esto es algo más de lo que podía imaginar y entiendo definitivamente, si antes tenía alguna pequeña duda, por qué hay tanta gente y tan enganchada a esta prueba.

Es algo más que una carrera, es poner a prueba no sólo al cuerpo y a la mente, es una forma muy preciosa de retarse, de batallar contra uno mismo, de superar fases, de estar montado y participar en esta noria que es la vida, una atracción de 42 vagones en la que por muy seguro uno está de sí mismo, también en algún momento puede ocurrir algo inesperado, que sobresalta, puede hacer pararme pero también volver a arrancar e incluso hacerme sentir en lo más alto viendo todo desde la mejor perspectiva y cuando se toca con los pies en el suelo es cuando se sabe que ha merecido la pena.

No sólo la prueba en sí y esas tres horas me han enseñado algo para aplicar en la vida, sería injusto darle todo el mérito a tan poco espacio de tiempo, han sido cuatro meses de querer que algo suceda y ya no hablo por mí solo, sino por las personas que han formado parte de este proyecto-sueño que les ha hecho entender que cuando se lucha y se cree en algo hay que ir a por ello y ahí es donde me siento algo más ganador, cuando pude compartir las llegadas vencedoras de muchísimos compañeros.

Me quedaré con cada uno de los diálogos y multitud de mensajes que tuvimos tras hacerme partícipe de sus emociones, notar que estaban en meta y sobre todo sentir una de las palabras más importantes en esta vida que corremos…AGRADECIMIENTO.

Por ello, como todavía no tengo hijos, ni he plantado un árbol ni escrito un libro (aunque esto último cada vez lo veo un poco más cerca) al menos puedo decir que yo he vivido un maratón y que no me ha cambiado la vida, pero sí la forma de verla, valorarla, entenderla y un poco más lucharla y también ratificarme en mi pensamiento de…

¡UN MARATÓN SE EMPIEZA CON CALMA, SE TE GRABA EN LA CABEZA, SE LUCHA POR COJONES Y SIEMPRE SE ACABA CON EL CORAZÓN!

Gracias a todas las personas que forman y formaron parte de mi MARATÓN-CORAZÓN.

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